Queridos queridísimos y queridas queridísimas,
Veinticinco mujeres,
cincuenta tetas.
Si las cuentas tres veces,
ciento cincuenta. (*)
Un altar tenían que ponerle al tipo que le echó sal a la
mantequilla. Hay gente así, que trabaja sobre algo extraordinario hasta convertirlo en insuperable. Cada
bocado es una ruleta rusa de bypass, de acuerdo, pero ¿no te gusta pasearte por
el lado salvaje de la vida?
Estamos subidos a hombros de gigantes y a cada paso vamos mejorando la generación anterior. Dejando a un lado, claro, que los jóvenes de ahora no son cómo los de antes, que se pasan la vida jugando a la play, que a saber qué les enseñan en el colegio y que los tomates ya no saben a tomates. Aparte de eso, cof, cof, si tienes dudas sobre el progreso, déjame decirte solo tres cosas: gorra con ventilador,guardamonedas con correa para bañarte en la playa y baticao.
Igual te lo puedes tomar a chufla, pero si haces una lista de cosas que te han hecho la vida más fácil, o más feliz, dime si ibas a situar por encima de esas la teoría de la relatividad o el descubrimiento de la doble hélice del ADN. Pues eso, que a ver si empezamos a poner a cada uno donde le corresponde.
El lugar de la mantequilla con sal, sin duda, tendría que estar entre los cinco primeros. Si tienes en cuenta que la mantequilla a secas se colocará en torno al cincuenta, el salto es de aúpa. Lo sorprendente, en cualquier caso, es cuando el número uno encuentra a la pareja perfecta y su potencial salta a la estratosfera. Entonces se vuelve inalcanzable. Como Juan con Junior o Lance Amstrong con la EPO.
El otro día volvió. Como cada año, como las golondrinas de Bécquer, como la canción de Gardel. Después de seis meses, se abrieron los cielos y apareció. Ahí estaba. Radiante, hermoso, victorioso. El tirante. Qué visión. ¡Ah, pero si solo hubiera sido eso! No era un tirante cualquiera, no, era un tirante en bicicleta. ¡Oh, maravilla de las maravillas echarle sal a la mantequilla! Y ahí, cuando piensas que la vida no te puede dar nada más, justo en ese momento, la calle se empezó a inclinar.
Nota: La María, de verdad que no dejé de pensar en ti ni por un momento. De todas maneras, ya si eso voy preparando la sabanas por el sofá. O casi mejor ahueco el felpudo, ¿no?
¿Acaso no huele a verano?
Besos a tutiplén.
P.D.: ¡Todos somos Blanco Herrera!
P.P.D.: ¡Más besos, leñe!
viernes, 17 de mayo de 2013
viernes, 10 de mayo de 2013
Franceses
Queridas queridísimas y queridos queridísimos,
Si ves a Tontucio pasar,
pídete otra, so tarambana,
que vuelve a este blog a cantar,
con ganas de parrandear.
Le he hecho un francés a los titos. Dicho así, igual te suena fuerte, pero a ver qué nombre le pondrías tú. Te acuerdas de lo de Bonaparte, ¿no? Es ese señor que sale en las fotos rascándose el ombligo. Hace unos 200 años, como sabes, el tipo firmó un tratado con Godoy para pasar por España e invadir Portugal.
- A la vuelta te invito a un cocidito en La Bola, le comentó Napoleón.
- Deje, deje, que le voy a llevar yo a uno que conoce mi primo.
- La Bola he dicho.
- La mejor elección, sin duda. Buen gusto tiene usted. ¿Hasta cuándo se queda?
Primerísimo primer plano de la ceja levantada de Napo.
De pimeras, la invasión iba hasta bien. Tú te quedas con el país y a mí me dejas abrir el bar hasta tarde. Ne pas de probleme. Hasta que se pusieron tontitos y empezaron a exigir cocinar con mantequilla. Por ahí sí que no. Los pucheros no se tocan, que nos quieren robar nuestra cultura. "No se integran, no se integran", se empezó a rumorear por las tabernas. Ya sabes cómo acabó la cosa.
"Titos, me voy pa Londres, ¿me acogéis una semana?". El juego aquí es adivinar quién hace de Godoy. "Cohonudo, sobri, quédate el tiempo que quieras". El zoom de la cámara casi me da en el ojo, tú. Hasta que llamé a La María.
"¿Ya tiés piso o qué?". Ese tono, oye. Es que oía el ruido de mi ceja mientras se me caía a los pies. "Mamarracho". ¿No notas un vientecillo helado en el espinazo? Si se llega a hacer cargo ella de la campaña rusa, en San Petersburgo estaban ahora comiendo lechazo al horno. Bueno, ahora no, que esta es la época en la que todos en nuestra casa, por el sistema de voto de calidad, hemos decidido ponernos a dieta. Recuérdame que escriba un post sobre 1001 formas deliciosas de aborrecer las acelgas.
A lo que iba. Un mes y medio estuve en casa de los titos, tú. A las tres semanas ya me levantaba y decía bonjour. La penúltima solo compraba baguettes y en la última empecé a usar la mantequilla. Cuando el último día aparecí con "El último tango en París", convinimos en que iba siendo hora de mudarse.
Llevas razón, igual no fue un francés lo que les hice.
Agradecimientos infinitos: este post no hubiera sido posible sin los titos. Mil gracias. Una vez más, estoy en deuda con vosotros, así que prometo no contarle a nadie donde escondes la Cuore, tita, ni cuál es la canción de Amaral con la que más lloras, tito.
Esta de arriba va pa los titos, por supuesto, que cuando no hay palabras suficientes para agradecer, siempre quedan las canciones (espero que la letra no hable de mantequilla). La de abajo hay que verla en youtube, que ya son ganas de molestar, pero quería que la disfrutaras y no la encuentro de otra manera. Si la localizas, estoy encantado de cambiarla para que se vea aquí.
Besos a tutiplén
P.D.: ¡Todos somos Blanco Herrera!
P.P.D.: ¡Más besos, leñe!
Si ves a Tontucio pasar,
pídete otra, so tarambana,
que vuelve a este blog a cantar,
con ganas de parrandear.
Le he hecho un francés a los titos. Dicho así, igual te suena fuerte, pero a ver qué nombre le pondrías tú. Te acuerdas de lo de Bonaparte, ¿no? Es ese señor que sale en las fotos rascándose el ombligo. Hace unos 200 años, como sabes, el tipo firmó un tratado con Godoy para pasar por España e invadir Portugal.
- A la vuelta te invito a un cocidito en La Bola, le comentó Napoleón.
- Deje, deje, que le voy a llevar yo a uno que conoce mi primo.
- La Bola he dicho.
- La mejor elección, sin duda. Buen gusto tiene usted. ¿Hasta cuándo se queda?
Primerísimo primer plano de la ceja levantada de Napo.
De pimeras, la invasión iba hasta bien. Tú te quedas con el país y a mí me dejas abrir el bar hasta tarde. Ne pas de probleme. Hasta que se pusieron tontitos y empezaron a exigir cocinar con mantequilla. Por ahí sí que no. Los pucheros no se tocan, que nos quieren robar nuestra cultura. "No se integran, no se integran", se empezó a rumorear por las tabernas. Ya sabes cómo acabó la cosa.
"Titos, me voy pa Londres, ¿me acogéis una semana?". El juego aquí es adivinar quién hace de Godoy. "Cohonudo, sobri, quédate el tiempo que quieras". El zoom de la cámara casi me da en el ojo, tú. Hasta que llamé a La María.
"¿Ya tiés piso o qué?". Ese tono, oye. Es que oía el ruido de mi ceja mientras se me caía a los pies. "Mamarracho". ¿No notas un vientecillo helado en el espinazo? Si se llega a hacer cargo ella de la campaña rusa, en San Petersburgo estaban ahora comiendo lechazo al horno. Bueno, ahora no, que esta es la época en la que todos en nuestra casa, por el sistema de voto de calidad, hemos decidido ponernos a dieta. Recuérdame que escriba un post sobre 1001 formas deliciosas de aborrecer las acelgas.
A lo que iba. Un mes y medio estuve en casa de los titos, tú. A las tres semanas ya me levantaba y decía bonjour. La penúltima solo compraba baguettes y en la última empecé a usar la mantequilla. Cuando el último día aparecí con "El último tango en París", convinimos en que iba siendo hora de mudarse.
Llevas razón, igual no fue un francés lo que les hice.
Agradecimientos infinitos: este post no hubiera sido posible sin los titos. Mil gracias. Una vez más, estoy en deuda con vosotros, así que prometo no contarle a nadie donde escondes la Cuore, tita, ni cuál es la canción de Amaral con la que más lloras, tito.
Esta de arriba va pa los titos, por supuesto, que cuando no hay palabras suficientes para agradecer, siempre quedan las canciones (espero que la letra no hable de mantequilla). La de abajo hay que verla en youtube, que ya son ganas de molestar, pero quería que la disfrutaras y no la encuentro de otra manera. Si la localizas, estoy encantado de cambiarla para que se vea aquí.
Besos a tutiplén
P.D.: ¡Todos somos Blanco Herrera!
P.P.D.: ¡Más besos, leñe!
viernes, 8 de febrero de 2013
Números
Queridas queridísimas y queridos queridísimos,
Allá va la despedida
la que echó el gato a la gata
que al bajar las escaleras
le metió la quinta pata
Londres tiene más de siete mil pubs. El dato es de las respuestas de Yahoo!, así que tampoco te vayas a jugar los cuartos en "Saber y ganar", pero para hacerte una idea ya te vale. Habrá a quien le parezca mucho, claro, pero los números solo cogen vidilla al cruzarlos con otros. Como cuando comparas los viajes al Caribe de un político con los palés de ladrillos colocados por un constructor, para que me entiendas.
A lo que iba. Londres acoge, por sobre poco más o menos, a unos ocho millones de almas. Bien, vamos a quitar a un millón entre menores de catorce años y tristes de toda condición. Deja de contar con los dedos: tocamos a mil personas por pub.
Reflexiona. Sigue reflexionando. Oooom. Normal, te estás acordando de Galeano:
Sobre los esfuerzos, si te parece bien -y siempre con el permiso de La Dirección y de La María- nos vamos a dar un tiempo. No es por ti, es por mi, que me cuesta mucho trabajo escribir con las manos llenas de pintas. Una vez cumplida la misión, ¡¡¡la canción del viernes!!! volverá por sus fueros. Allá por mayo. Por ahora, se inicia este doloroso proceso de recopilación de información, qué se le va a hacer. Sobre los refuerzos, qué te voy a contar. Ya sabes dónde estamos.
Hasta pronto, queridas y queridos.
¡Salud!
P.D.: ¡Todos somos Blanco Herrera!
P.P.D.: La coplilla la ha mandado el tito Andrés, que no ha podido acertar más. Mil gracias, mozo. Aquí tienes un trozín de letra para que te hagas una idea.
Why he's gone home cold sober to his darling wife
He walks in the kitchen, she says you're early Bill dear
But then he breaks down and tells her the pub's got no beer
Que viene a decir, en traducción chapucera:
Y el viejo Billy, el herrero, por primera vez en su vida
vuelve sobrio a casa, con su esposa querida
Entra a la cocina y le dice: llegas pronto, cariño
Entonces se derrumba y confiesa que en el pub no queda cerveza.
P.P.P.D.: ¡Más besos, leñe!
Allá va la despedida
la que echó el gato a la gata
que al bajar las escaleras
le metió la quinta pata
Londres tiene más de siete mil pubs. El dato es de las respuestas de Yahoo!, así que tampoco te vayas a jugar los cuartos en "Saber y ganar", pero para hacerte una idea ya te vale. Habrá a quien le parezca mucho, claro, pero los números solo cogen vidilla al cruzarlos con otros. Como cuando comparas los viajes al Caribe de un político con los palés de ladrillos colocados por un constructor, para que me entiendas.
A lo que iba. Londres acoge, por sobre poco más o menos, a unos ocho millones de almas. Bien, vamos a quitar a un millón entre menores de catorce años y tristes de toda condición. Deja de contar con los dedos: tocamos a mil personas por pub.
Reflexiona. Sigue reflexionando. Oooom. Normal, te estás acordando de Galeano:
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.Los titos, una vez más, me han acogido en su casa. No se lo cuentes, pero tenemos un objetivo que ellos aún no saben. Tres meses por delante, 90 días, y 7.000 pubs. No hace falta que te diga más, ¿no? y convendrás en que es una tarea hercúlea. Por eso hay que concentrar los esfuerzos y los refuerzos.
Sobre los esfuerzos, si te parece bien -y siempre con el permiso de La Dirección y de La María- nos vamos a dar un tiempo. No es por ti, es por mi, que me cuesta mucho trabajo escribir con las manos llenas de pintas. Una vez cumplida la misión, ¡¡¡la canción del viernes!!! volverá por sus fueros. Allá por mayo. Por ahora, se inicia este doloroso proceso de recopilación de información, qué se le va a hacer. Sobre los refuerzos, qué te voy a contar. Ya sabes dónde estamos.
Hasta pronto, queridas y queridos.
¡Salud!
P.D.: ¡Todos somos Blanco Herrera!
P.P.D.: La coplilla la ha mandado el tito Andrés, que no ha podido acertar más. Mil gracias, mozo. Aquí tienes un trozín de letra para que te hagas una idea.
Why he's gone home cold sober to his darling wife
He walks in the kitchen, she says you're early Bill dear
But then he breaks down and tells her the pub's got no beer
Que viene a decir, en traducción chapucera:
Y el viejo Billy, el herrero, por primera vez en su vida
vuelve sobrio a casa, con su esposa querida
Entra a la cocina y le dice: llegas pronto, cariño
Entonces se derrumba y confiesa que en el pub no queda cerveza.
Ahí queda eso.
viernes, 1 de febrero de 2013
Vidas salvajes
Queridas queridísimas y queridos queridísimos,
Los besos que tú me das,
te juro que no los siento.
Tú me besas en la oreja
y soy sordo de nacimiento.
Cuando me hablan de vidas salvajes, bostezo. Para ser más exacto, me entran ganas de echar una cabezadita. La culpa no te creas que es mía, hasta ahí podíamos llegar. La culpa es de Paulov.
Pavlov era el señor aquel del condicionamiento clásico, tú sabes. El fulano este, aparte de estudios, tenía un perro. Un día decidió trastornar un poco al animalico y se dedicó a tocarle una campana cada vez que le daba de comer. Al cabo de un tiempo, solo con darle al timbre, el chucho salivaba. Natural. Hubiera molado hacer el experimento con un pirbul, ¿eh, Pavlovito?
Lo que te decía, que me he pasado tantos años mirando cara a cara al peligro, que ahora solo de escucharlo me entra modorra. Keith Richards, Jim Morrison, Sid Vicious, Amy Winehouse, Chiquetete, vuestras vidas no impresionan lo más mínimo.
Ante el peligro más brutal, me baja la tensión, el pulso y el ritmo corporal. Sí, las mejores siestas de mi vida me las he pegado viendo documentales del Serengueti. Por cada ñu, diez minutos de planchar la oreja. Con leopardo, veinte. Puro placer y, además, educativo. Qué cantidad de cosas se aprenden sobre naturaleza viendo a los leones pastar.
Besos a tutiplén.
P.D.: ¡Todos somos Blanco Herrera!
P.P.D.: ¡Más besos, leñe!
Los besos que tú me das,
te juro que no los siento.
Tú me besas en la oreja
y soy sordo de nacimiento.
Cuando me hablan de vidas salvajes, bostezo. Para ser más exacto, me entran ganas de echar una cabezadita. La culpa no te creas que es mía, hasta ahí podíamos llegar. La culpa es de Paulov.
Pavlov era el señor aquel del condicionamiento clásico, tú sabes. El fulano este, aparte de estudios, tenía un perro. Un día decidió trastornar un poco al animalico y se dedicó a tocarle una campana cada vez que le daba de comer. Al cabo de un tiempo, solo con darle al timbre, el chucho salivaba. Natural. Hubiera molado hacer el experimento con un pirbul, ¿eh, Pavlovito?
Lo que te decía, que me he pasado tantos años mirando cara a cara al peligro, que ahora solo de escucharlo me entra modorra. Keith Richards, Jim Morrison, Sid Vicious, Amy Winehouse, Chiquetete, vuestras vidas no impresionan lo más mínimo.
Ante el peligro más brutal, me baja la tensión, el pulso y el ritmo corporal. Sí, las mejores siestas de mi vida me las he pegado viendo documentales del Serengueti. Por cada ñu, diez minutos de planchar la oreja. Con leopardo, veinte. Puro placer y, además, educativo. Qué cantidad de cosas se aprenden sobre naturaleza viendo a los leones pastar.
P.D.: ¡Todos somos Blanco Herrera!
P.P.D.: ¡Más besos, leñe!
viernes, 25 de enero de 2013
Residencia de verano
Queridas queridísimas y queridos queridísimos,
Si Jesús murió en la cruz
con tres clavos solamente
cómo no muere tu prima
que la clavan tantas veces
con tres clavos solamente
cómo no muere tu prima
que la clavan tantas veces
La María y un servidor vamos a comprarnos un terruño en el fondo del mar. Ella todavía no lo sabe, pero verás lo contenta que se va a poner cuando se entere. Es que se quiere mudar a una casa más grande. "Como una reina decías que me ibas a tener, ¿eh?", me suelta cada vez que me ve, antes de arrearme un pescozón.
El otro día se puso sus guantes de cabritilla, sacó sus espejuelos y ordenó: "A ver, muéstrame alguna de esas páginas de las que habla la clase media cuando buscan aposentos". Así que me metí en Idealista. "¿Idealista? ¿Estos no serán de la logia esa del 15M, no?". Chacho, prefiero que me invite a cenar Hannibal Lecter que otra mirada de esas por encima de las antiparras. No era lo que buscaba, no.
"¿Luxury Homes?", aventuré. "¿Perdón? Es de ese tipo de gente que usa expresiones como alto standing?" (Solo para que conste, las cursivas no son mías. Hay palabras que ella pronuncia así, como Dolce & Gabbana, Gucci o Armani. A Polo Ralph Lauren y Tommy Hilfiger, además, la vez que las usó les bajó el tamaño de fuente. Si te digo la verdad, la única que enuncia casi sin acento es Chanel).
"Anda, que no vales para nada" y me apartó de un cogotazo. "Castillos Loira" tecleó en el Google. "Resuelto, compra uno de estos". "Pe...pe...pe...pero...". Mirada.
¿Tú te hubieras atrevido a sacar el extracto del banco? Desde luego, no puedo presentarme con las manos vacías -le partiría el corazón y, además, todavía estoy convaleciente de la última vez-, pero he encontrado la solución perfecta. Nos vamos a hacer Señores del Océano Pacífico. Ahí es nada. Oye, que te lo agencias por 39,98 euros. No es coña. Bien de espacio, marco incomparable y, sobre todo, tenemos la foto de nuestra boda para las tarjetas.
El otro día se puso sus guantes de cabritilla, sacó sus espejuelos y ordenó: "A ver, muéstrame alguna de esas páginas de las que habla la clase media cuando buscan aposentos". Así que me metí en Idealista. "¿Idealista? ¿Estos no serán de la logia esa del 15M, no?". Chacho, prefiero que me invite a cenar Hannibal Lecter que otra mirada de esas por encima de las antiparras. No era lo que buscaba, no.
"¿Luxury Homes?", aventuré. "¿Perdón? Es de ese tipo de gente que usa expresiones como alto standing?" (Solo para que conste, las cursivas no son mías. Hay palabras que ella pronuncia así, como Dolce & Gabbana, Gucci o Armani. A Polo Ralph Lauren y Tommy Hilfiger, además, la vez que las usó les bajó el tamaño de fuente. Si te digo la verdad, la única que enuncia casi sin acento es Chanel).
"Anda, que no vales para nada" y me apartó de un cogotazo. "Castillos Loira" tecleó en el Google. "Resuelto, compra uno de estos". "Pe...pe...pe...pero...". Mirada.
¿Tú te hubieras atrevido a sacar el extracto del banco? Desde luego, no puedo presentarme con las manos vacías -le partiría el corazón y, además, todavía estoy convaleciente de la última vez-, pero he encontrado la solución perfecta. Nos vamos a hacer Señores del Océano Pacífico. Ahí es nada. Oye, que te lo agencias por 39,98 euros. No es coña. Bien de espacio, marco incomparable y, sobre todo, tenemos la foto de nuestra boda para las tarjetas.
Lord Bert y Lady Lamaría, pa servirles.
Besos a tutiplén
P.D.: ¡Todos somos Blanco Herrera!
P.P.D.: ¡Más besos, leñe!
Etiquetas:
15M,
Armani,
Dolce Gabanna,
Gucci,
Hilfiger,
Idealista,
Loira,
Luxury Homes,
Pacífico,
Polo,
Ralph Lauren
viernes, 18 de enero de 2013
Cuescos
Queridas queridísimas y queridos queridísimos,
Una vieja se comió
veinte kilos de judías
y a la noche parecía
un cañón de artillería
El cuesco silencioso es el más peligroso. Hará de esto unos dos o tres años, en un bar de la paradisíaca costa murciana. Igual te lo he contado ya (cof, cof, gargaj.) y, si no, seguro que te imaginas aquello: surfistas, cocoteros, jet set y huertanas ligericas de atuendo. Lo predecible.
Los titos y La María habíamos pasado el día, como solemos, departiendo sobre filosofía helenística y decidimos continuar la charla en una disco-bodega. Como estaba aquello de juventud, tú. Ni que regalaran alpargatas.
Dos mozas jóvenes, apretaícas, se interponían entre mi menda lerenda y su cubalibre. ¿Sabes lo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso? Yo tampoco, pero estoy por decir que un silencio espeso. Chacho, ¿has echao alguna vez una gota de Fairy en una sartén con grasa? El otro día volví y se ha quedado el rodal.
La vida pasa y a veces pierde uno el control. Por mero divertimento, sin necesidad, te emborrachas de gloria. La visita no era más trascendente. Un grupo de amigos fingiendo hacer actividades culturales.
Las cuevas de El Soplao tienen más años que un gallo con espolones, hace un frío de temblores y están abarrotás de pinchos de piedra colgando del techo. La parte final del recorrido la reservan para la joya de la corona: la sala de la Ópera. El nombre le viene porque es muy coqueta, los pinchos esos parecen tubos de órgano y la acústica es fetén. Sublime aquello, tú. Como la fabada que nos habíamos apretado a mediodía.
Una advertencia: los abrigos largos, en este caso, no funcionan como las mantas. Estoy por ofrecerme a la Comunidad de Madrid como unidad especial antidisturbios, mira lo que te digo.
Todo este tiempo de secreto bien guardado, como losa de mármol me pesaba. Hasta que me he topado con Quevedo, haciendo elogio de las múltiples descargas. ¿No serás, me he cuestionado, tan necio, ignorante, pazguato, de querer enmendarle la plana a tan noble literato?. Olvídome pues del recato y que a la luz pública dé risas, no quebrantos.
La Fátima se ha mandado la coplilla de arriba. Querida, siento que el tema del post de hoy no haga justicia al pedazo de tema, pero así hace más contraste. Gracias mil.
Besos a tutiplén.
P.D.: ¡Todos somos Blanco Herrera!
P.P.D.: ¡Más besos, leñe!
Una vieja se comió
veinte kilos de judías
y a la noche parecía
un cañón de artillería
El cuesco silencioso es el más peligroso. Hará de esto unos dos o tres años, en un bar de la paradisíaca costa murciana. Igual te lo he contado ya (cof, cof, gargaj.) y, si no, seguro que te imaginas aquello: surfistas, cocoteros, jet set y huertanas ligericas de atuendo. Lo predecible.
Los titos y La María habíamos pasado el día, como solemos, departiendo sobre filosofía helenística y decidimos continuar la charla en una disco-bodega. Como estaba aquello de juventud, tú. Ni que regalaran alpargatas.
Dos mozas jóvenes, apretaícas, se interponían entre mi menda lerenda y su cubalibre. ¿Sabes lo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso? Yo tampoco, pero estoy por decir que un silencio espeso. Chacho, ¿has echao alguna vez una gota de Fairy en una sartén con grasa? El otro día volví y se ha quedado el rodal.
La vida pasa y a veces pierde uno el control. Por mero divertimento, sin necesidad, te emborrachas de gloria. La visita no era más trascendente. Un grupo de amigos fingiendo hacer actividades culturales.
Las cuevas de El Soplao tienen más años que un gallo con espolones, hace un frío de temblores y están abarrotás de pinchos de piedra colgando del techo. La parte final del recorrido la reservan para la joya de la corona: la sala de la Ópera. El nombre le viene porque es muy coqueta, los pinchos esos parecen tubos de órgano y la acústica es fetén. Sublime aquello, tú. Como la fabada que nos habíamos apretado a mediodía.
Una advertencia: los abrigos largos, en este caso, no funcionan como las mantas. Estoy por ofrecerme a la Comunidad de Madrid como unidad especial antidisturbios, mira lo que te digo.
Todo este tiempo de secreto bien guardado, como losa de mármol me pesaba. Hasta que me he topado con Quevedo, haciendo elogio de las múltiples descargas. ¿No serás, me he cuestionado, tan necio, ignorante, pazguato, de querer enmendarle la plana a tan noble literato?. Olvídome pues del recato y que a la luz pública dé risas, no quebrantos.
La voz del ojo, que llamamos pedo
(ruiseñor de los putos), detenida,
da muerte a la salud más presumida,
y el propio preste Juan le tiene miedo.
Mas pronunciada con el labio acedo
y con pujo sonoro despedida,
con pullas y con risa da la vida,
y con puf y con asco siendo quedo.
Cágome en el blasón de los monarcas
que se precian, cercados de tudescos,
de dar la vida y dispensar las Parcas.
Pues en el tribunal de su gregüescos,
con aflojar y comprimir las arcas,
cualquier culo lo hace con dos cuescos.
La Fátima se ha mandado la coplilla de arriba. Querida, siento que el tema del post de hoy no haga justicia al pedazo de tema, pero así hace más contraste. Gracias mil.
Besos a tutiplén.
P.D.: ¡Todos somos Blanco Herrera!
P.P.D.: ¡Más besos, leñe!
viernes, 11 de enero de 2013
De compras en la disco
Queridas queridísimas y queridos queridísimos,
Tápame, tápame, tápame,
tápame, tápame que tengo frío
cómo quieres que te tape
si yo no soy tu marido (*)
La María me llevó el otro día de compras a una discoteca. A ver, es una tienda, pero parece aquello el Studio 54. La cosa es de lo más moderna. Según llegas hay un mozo en la puerta que te saluda como si fueras su primo Paco al que lleva tres años sin ver porque creía que había muerto en el Congo. La madre de los turrones El Almendro parecería castellana a su lado, mira lo que te digo. Casi le pregunto por el resto de la familia.
El chaval, por cierto, te recibe sin camiseta pero con un chaleco puesto. Ni muy arreglado ni muy informal, la combinación perfecta para las suaves temperaturas del invierno madrileño.
Una vez subidas las escaleras, entras en un mundo de oscuridad. No es metáfora, empiezas a moverte tanteando los muros vaya a ser que te estampes los morros contra un pito de escayola de alguna de las estatuas que le dan al lugar su savoir faire. La diferencia entre los nuevos clientes y los antiguos es que los primeros somos unos pusilánimes: todos a cuatro patas siguiendo el zócalo de la pared. Los veteranos se orientan sin problemas con el rebote en los tabiques de la música chunda chunda.
En estas que te llega otro joven para ver si necesitas algo. Miro hacia arriba, porque me saca una cabeza (y que conste que tuve una buena alimentación y que en el cine veo aunque se me siente un niño delante), y me quedo pensativo. Empiezo a sospechar que La María no ha ido a por un regalo para su cuñado, la verdad.
Total, que le pide una camisa y el tipo coge un walkie y suelta algo como "charlie, alfa, tango, ¿me recibes? ¿Tenemos una prenda tal y cual talla pascual y demás?". Entonces se pira y vuelve a los cinco minutos. Llega el drama:
- "Lo siento mucho. Se nos ha acabado. No volverá a ocurrir".
Palabrita que puso una cara que me partió el alma. Como si se le hubiera muerto su primo Paco delante de sus ojos. Iba a darle un abrazo para consolarlo cuando me apartó de un codazo La María: "Quita, que ya me encargo yo". Al cabo de tres cuartos de hora logré arrancarla de sus garras y se decidió por otra camisa.
El día de Reyes, el cuñao recibió el regalo. Bien de hombros, bien de sisa, bien de mangas y, leñe, que no le cierra en la barriga. Las hermanas se cruzaron una mirada de esas que van escribiendo en el aire: "quémevasacontaramísiestoesloquetenemos". Por echar un cable comenté: "Igual por eso el portero iba despechetado". Jodo, tú, La María ni giró la cabeza: "¿El turrón también acampa en el cerebro?". Chacho, estoy por irme al Congo con el primo Paco.
Una de zagales sin camiseta:
Besos a tutiplén.
P.D.: ¡Todos somos Blanco Herrera!
P.P.D.: ¡Más besos, leñe!
Tápame, tápame, tápame,
tápame, tápame que tengo frío
cómo quieres que te tape
si yo no soy tu marido (*)
La María me llevó el otro día de compras a una discoteca. A ver, es una tienda, pero parece aquello el Studio 54. La cosa es de lo más moderna. Según llegas hay un mozo en la puerta que te saluda como si fueras su primo Paco al que lleva tres años sin ver porque creía que había muerto en el Congo. La madre de los turrones El Almendro parecería castellana a su lado, mira lo que te digo. Casi le pregunto por el resto de la familia.
El chaval, por cierto, te recibe sin camiseta pero con un chaleco puesto. Ni muy arreglado ni muy informal, la combinación perfecta para las suaves temperaturas del invierno madrileño.
Una vez subidas las escaleras, entras en un mundo de oscuridad. No es metáfora, empiezas a moverte tanteando los muros vaya a ser que te estampes los morros contra un pito de escayola de alguna de las estatuas que le dan al lugar su savoir faire. La diferencia entre los nuevos clientes y los antiguos es que los primeros somos unos pusilánimes: todos a cuatro patas siguiendo el zócalo de la pared. Los veteranos se orientan sin problemas con el rebote en los tabiques de la música chunda chunda.
En estas que te llega otro joven para ver si necesitas algo. Miro hacia arriba, porque me saca una cabeza (y que conste que tuve una buena alimentación y que en el cine veo aunque se me siente un niño delante), y me quedo pensativo. Empiezo a sospechar que La María no ha ido a por un regalo para su cuñado, la verdad.
Total, que le pide una camisa y el tipo coge un walkie y suelta algo como "charlie, alfa, tango, ¿me recibes? ¿Tenemos una prenda tal y cual talla pascual y demás?". Entonces se pira y vuelve a los cinco minutos. Llega el drama:
- "Lo siento mucho. Se nos ha acabado. No volverá a ocurrir".
Palabrita que puso una cara que me partió el alma. Como si se le hubiera muerto su primo Paco delante de sus ojos. Iba a darle un abrazo para consolarlo cuando me apartó de un codazo La María: "Quita, que ya me encargo yo". Al cabo de tres cuartos de hora logré arrancarla de sus garras y se decidió por otra camisa.
El día de Reyes, el cuñao recibió el regalo. Bien de hombros, bien de sisa, bien de mangas y, leñe, que no le cierra en la barriga. Las hermanas se cruzaron una mirada de esas que van escribiendo en el aire: "quémevasacontaramísiestoesloquetenemos". Por echar un cable comenté: "Igual por eso el portero iba despechetado". Jodo, tú, La María ni giró la cabeza: "¿El turrón también acampa en el cerebro?". Chacho, estoy por irme al Congo con el primo Paco.
Una de zagales sin camiseta:
Besos a tutiplén.
P.D.: ¡Todos somos Blanco Herrera!
P.P.D.: ¡Más besos, leñe!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
